Amor a Jesús



Jesús es trato humano y divino

¿Tengo verdaderamente fe en el Resucitado? Si la respuesta es afirmativa, entonces tendrá que compartir con Él cada instante de mi vida. Se trata de una realidad humana, que debo amar, sin miedo. Riesgo de ser iconoclasta. Porque entonces perderíamos la invitación a amar al Señor no solo con amor de agapé, sino también con amor de eros.



Un tesoro para ser compartido

Jesús compara el reino de los cielos a un tesoro escondido en un campo. No se encuentra a flor de tierra, sino oculto. ¡Y nosotros tenemos el mapa para descubrirlo! Propaguemos el secreto, que es la misma Persona de Jesús. Hagámoslo conocer, primero con nuestra propia vida, irradiándolo, para después enseñar los modos de encontrarse con Él.



Rozarlo para quererlo

En el evangelio del miércoles de la semana XXIV, Jesús invita a re-conocerlo. Tenemos un modo: aquel al que invitaba san Josemaría: rozarlo de continuo, para enamorarnos de Él. Buscarlo en Palestina y sacarlo luego de ahí, a compartir cada instante en un ansia que totaliza.