Gracia santificante



De huesos secos a moción del Espíritu Santo

En la visión del profeta Ezequiel (cap. 37) encontramos toda una pedagogía de la acción de Dios que va dando vida a los huesos secos. Si no existe esa vivificación, aunque se junte a los huesos la carne y los nervios, aquello sigue inerte. Por encima de la vida natural, Dios nos comunica una vivificación superior, la del Espíritu Santo. Somos y actuamos como seres divinizados, transformados por esa elevación que en esta tierra apenas intuimos.




Como en Caná, la Sma. Virgen intercede

El vino nuevo y bueno es la vida de la gracia, que nos llega por intercesión de María. Busca con ansia la vida de Cristo, la intimidad con Él.



La Vida que otorga el Hijo

El capítulo quinto de san Juan presenta los primeros reclamos a Jesús: hace curaciones en sábado y se declara Hijo de Dios. Él les contesta diciendo que todo aquel que escucha su palabra y cree en el que lo envió, tiene vida eterna. En presente: la tiene ya. Preguntémonos por el estado de nuestra vida interior, esa Vida que nos comunica el Hijo y se manifiesta en la oración continua.