Paz interior



Cristo es nuestra paz

Al despedirse de sus discípulos, Jesús les ofrece un don: su paz. ¿No perdemos esta herencia que nos legó como adelanto de la eternidad? ¿Cómo adquirirla y cómo conservarla? Con la paz de su cercanía y de su Corazón: “Corazón Sacratísimo de Jesús, danos la paz”.



Paz y alegría

Jesús nos invita al abandono en la Providencia del Padre celestial. Si realmente creyéramos sus palabras, jamás perderíamos la paz. Junto con la paz, llega la alegría, frutos ambos del Espíritu Santo, que son inseparables del amor.



Toda paz inicia en el corazón

Ante el llamamiento a pedir por la paz del papa Francisco, recordamos que la paz es la señal de la era mesiánica: Cristo es nuestra paz. La guerra es consecuencia de la intranquilidad interior, y comienza por la guerra que permitimos se desarrolle contra nosotros mismos y luego contra nuestros prójimos. Fruto del Espíritu Santo es la paz.

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