Paz interior



Paz y alegría

Jesús nos invita al abandono en la Providencia del Padre celestial. Si realmente creyéramos sus palabras, jamás perderíamos la paz. Junto con la paz, llega la alegría, frutos ambos del Espíritu Santo, que son inseparables del amor.



La Paz del Señor

En una época en que los hombres se encuentran en medio de la agitación de la actividad, busquemos conservar la maravillosa herencia de la paz que Jesús nos dejó. “La Paz del Señor esté con ustedes”. Entonces nos encontraremos inmersos, más que el tiempo físico, en el tiempo del corazón, en el que no parecen transcurrir los minutos y las horas, porque es preludio de la eternidad.



Toda paz inicia en el corazón

Ante el llamamiento a pedir por la paz del papa Francisco, recordamos que la paz es la señal de la era mesiánica: Cristo es nuestra paz. La guerra es consecuencia de la intranquilidad interior, y comienza por la guerra que permitimos se desarrolle contra nosotros mismos y luego contra nuestros prójimos. Fruto del Espíritu Santo es la paz.