Amor a Dios


Riesgo del fariseísmo

Quizá el desenfoque más frecuentemente reprendido por Jesús: ¿no nos estará advirtiendo con ello un peligro también para nosotros? El riesgo del legalismo, del hacer las cosas por afirmación personal más que por amor a Dios. “El Hijo del hombre es dueño del sábado”.



No tienen vino

En el II Domingo de Cuaresma nos aplicamos la súplica de María a Jesús en las bodas de Caná. Cuántas veces también nosotros carecemos de vino: nos falta el fuego del amor, y nuestra vida es como agua insípida. Conjuraremos el peligro de la tibieza cuidando con esmero cada uno de nuestros encuentros con el Señor.



A peso de amor

Amor meus, pondus meus, decía san Agustín. Y santo Tomás: “El amor a Dios es la razón suprema de todas las cosas”. De manera que nuestro trabajo vale si está hecho por amor a Dios, con pureza de intención. ¿Cómo lograrlo? A base de ser contemplativos en las actividades cotidianas. La vocación al Opus Dei nos da la gracia para trabajar contemplando.