Septiembre



Septiembre 2

El que come mi carne…

Para extraer profundidad de la palabra de Dios empleemos el método lectio, meditatio, oratio, contemplatio. Ahora con la frase “El que come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en Mí y Yo en él”. Dándole vueltas, nos invadirá el asombro: cada una de estas palabras es una revelación de un amor que excede toda medida. El fin es la transformación en Cristo.



Septiembre 3

La Eucaristía nos alivia de nuestras penas

“Jesús a quien ahora veo escondido, te pido que se cumpla lo que tanto ansío…”. La Eucaristía es Jesús, que nos da un adelanto del encuentro definitivo. Tenemos esta certeza que alivia cualquier pena: Él está con nosotros. “También de dolor se canta”, es el título de una película. Podemos hacerlo precisamente porque tenemos el consuelo de la Presencia viva de Jesús.



Septiembre 4

Haz que su cruz me enamore

Cualquier realidad se ilumina desde el Crucificado, estando nosotros crucificados con Él. Pero como el buen ladrón, encontrando en ella el paraíso. No se trata de llevar una cruz cualquiera sino la suya, la que es amada porque de ella sale la salvación del mundo. Que la sombra de la cruz se proyecte en nuestra existencia, acompañando a María que está al pie de la cruz.