Amor a Jesús



Con todo el corazón

En la ribera del lago, Jesús resucitado pide a Pedro que le asegure su amor. Sólo así podrá confiarle su rebaño. Lo único que nos pide Jesús, también a nosotros, es que lo amemos, y de modo total. El riesgo es pretender un amor compartido con ataduras y compensaciones. Entonces nos mundanizamos y se insinúa el riesgo de una vida triste.



Llenarse de Cristo

Jesús invita a proclamar la cercanía del Reino de Dios. Pero es preciso antes hacerlo nuestro, porque comunicamos la realidad de una vida. Y la vida se trasmite solo por contacto. Nos llenamos más y más de Jesús con el trato confiado, cariñoso, personal. Apliquemos las reglas del amor humano al amor divino.



Contempla al Crucificado

Y Yo, cuando sea levantado sobre la tierra, atraeré todas las cosas hacia Mí (Jn 12, 32). “Dejémonos arrebatar por su amor”, decía el papa Benedicto. San Francisco de Asís empleaba el verbo “absorber”. Contemplándolo, nuestra vida será una paulatina transformación en Él, llenándose de eficacia salvadora. Son las lecciones de la ciencia de la Cruz.