Amor a Jesús



Miren a mi siervo

Es el mismo Padre celestial quien nos invita: Miren a mi siervo, a quien sostengo; al elegido, en quien tengo mis complacencias. Aunque no tengamos otra idea, la única dirección de nuestra vida es Jesús. Buscarlo con ansia, con abnegación, sin descuidar nada, especialmente en lo que se refiere a las prácticas de vida interior.



Tener sed y beber

Jesús clamó en el Templo, el último día de la fiesta: Quien tenga sed, que venga a Mí. Y más adelanta dijo: De aquel que cree en mí brotarán torrentes de agua viva. Para que nuestra vida se llene de fruto, tenemos que beber en Jesús: cada eucaristía, cada oración, servirá para calmar nuestra sed.




Jesús es tu Dios y tu todo

La confesión de Pedro en Cesarea de Filipo tiene un eco –en negativo– en la pregunta de Caifás: ¿Eres el Hijo de Dios? Responder afirmativamente condiciona absolutamente, pues entonces Jesús se hace todo en todos. Por el Pan y la Palabra vamos adquiriendo la transformación en Él, que determina nuestra eternidad.