Fe



Pide y practica la fe

En la Visitación, María oye de su prima Isabel el elogio de su fe. Es por ello bienaventurada, y nosotros también lo somos gracias a la fe de María. Intentemos hacer de la fe nuestro modo de vida, de forma tal que incida en cada momento. Porque en Dios existimos, nos movemos y somos: no hay ni espacios ni momentos en los que no esté presente. En el mundo, decía el papa Benedicto, no hay crisis de religiones, lo que hay es crisis de Dios.



Fe para ir a Egipto

José obedece al instante el mandato del ángel: “Huye a Egipto porque Herodes busca al Niño para matarlo”. José responde sin cuestionamientos, sin reclamos, sin dudas. Ejemplo para nuestra vida, en la que estamos invitados a descubrir, con la luz de la fe, la Mano de Dios que nos conduce. Muchas veces no lo entenderemos, pero al unir nuestra libertad a la suya, la nuestra se va al infinito.



Fe es abrir el corazón

Jesús cura al hombre de la mano paralizada y los escribas y fariseos, en lugar de creer, se llenan de furor contra Él. Lidia, la vendedora de púrpura de la ciudad de Filipos, al oír a san Pablo, abre su corazón a la fe. Dos actitudes: ante cualquier situación de la vida, descubre la Mano amorosa de un Dios que todo lo dispone para nuestro bien.