Santidad



La santidad es ser bueno

El proyecto de Dios no tiene límites: siempre puede crecer la unión con Cristo. Eso es la santidad, el asimilarnos a Jesús. Pero no significa que debamos hacer cosas extraordinarias, pasar a la historia. El amor es una raíz cuyo fruto es la bondad. Mi corazón tiene raíces de mal, y por eso no manifiesto bondad. Valorar el ser bueno por encima de otras percepciones de mi yo.



Amar siempre  

Cuidar los desenfoques en la santidad; no consiste en acumular virtudes, ni en llevar una vida de gran renuncia o apostolado. Consiste en amar. Las virtudes se viven no por represión de los apetitos, sino por la presencia de un amor mayor. Así comenzó la práctica celibataria desde tiempos apostólicos: el amor intenso a Jesús llevaba al ofrecimiento de sí.



Hambre y sed de justicia

La cuarta bienaventuranza nos invita a aumentar nuestra hambre y sed de justicia, es decir, de Dios, de su gracia. Aumentar el deseo de santidad, aumentar nuestra ansia de amar. La medida de nuestro Cielo será la medida de nuestro deseo. Anular los otros apetitos, para que resurja el único que merece la pena, porque nos merece el Cielo.