Santidad



Santidad como proceso

Es designio divino que los seres vivos no posean desde el principio la perfección a que están llamados. Eso sucede también en la vida sobrenatural que se nos comunica. Como en la vida natural, hay una infancia, salir del pecado a la gracia. Una juventud, que es la etapa ascética o de consolidación de virtudes. Y una edad adulta, la del amor. La ascética emplea prevalentemente la meditación, y la edad adulta o mística la oración contemplativa.



Hacia la santidad

Es voluntad de Dios, dice san Pablo, nuestra santificación. No estamos, por tanto, en una ocurrencia peregrina, sino en un positivo deseo de nuestro Creador. En la homilía “Hacia la santidad” quiso san Josemaría dejarnos la falsilla para que sobre ella escribiéramos la página de nuestra propia santidad. El camino es la oración, yendo a través de la Humanidad Santísima de Cristo.



Santidad: camino de amor

Con la fundación del Opus Dei, Dios quiso recordar al mundo la llamada universal a la santidad. Somos santos en la medida en que amamos, y la correcta orientación de nuestra vida dependerá de que crezcamos día a día en el amor a Dios y, por Él, a los demás.