Apostolado



Apostolado: sintonía de corazones.

“Quien los escucha a ustedes, a Mí me escucha”. Jesús confía plenamente en lo que diremos, porque lo hemos escuchado en largas horas de intimidad con el Maestro. Esa unión vital con Él supondrá un trasvase de corazones. De manera que, para sacar adelante una tarea apostólica, hemos de tener el contenido de ese Corazón. Somos cántaros que van a llenarse del Señor y entonces poder comunicarlo.



Apostolado: ser Cristo.

Jesús habla del gran banquete al que nos invita el Padre celestial. Pero encuentra muchas negativas, pretextos a veces incluso absurdos. Pero no deja de enviar a sus siervos a las calles y plazas, caminos y veredas. Tiene un gran deseo de que se llene su mesa. Nosotros somos esos siervos. Hemos de salir de prisa, conscientes de que la eficacia de nuestro apostolado depende de nuestra unión íntima con Cristo.



Levadura en la masa

Somos levadura para hacer fermentar la masa de la humanidad. ¿Intuyes lo terrible que será la eterna condenación? Nuestra acción apostólica, que surge de la comunión vital con Cristo, nos hará sensibles a esa urgente necesidad. Salvamos con la oración, con la penitencia y con la acción.