Apostolado



La mujer y el apostolado

El evangelista Lucas se caracteriza por dar relieve a la presencia de la mujer en la vida de Jesús. En el capítulo 8 nos habla de Magdalena, Juana, mujer de Cusa, Susana “y otras muchas que lo acompañaban con sus bienes”. La mujer, la madre, es la joya de la corona en la Iglesia. Con su precedencia en el orden del amor, trasmite mejor que el varón la forma de ser de Dios. Ha de hablar de Dios, pero sobre todo “hacerlo ver”.



Trabajar en la viña del Señor

El Señor nos ha contratado para trabajar en su viña. Él ama mucho su viña, tanto que da su vida por ella. Nos ha convocado para tan alta tarea: comunicar lo divino. Lo podremos lograr solo si tenemos lo divino, lo santo. De manera que primero hemos de santificarnos para luego poder santificar. La eficacia de nuestro apostolado depende de nuestra unión vital con Cristo.



Hacer amar a Jesús

En su primera carta larga, el Prelado nos pide ayudar a los demás a ir por caminos de contemplación, centrándonos en la Persona de Jesucristo. Recuerda que por eso no hacemos apostolado, ¡somos apóstoles!, lo que supone tanto como llenarnos del Señor para ser capaces de comunicarlo. La sonrisa es clara manifestación de que llevamos a Dios.