Pentecostés (incluye Decenario)



Dador de Vida

En la Solemnidad de Pentecostés, consideramos el gran Misterio del Vivificador. Desde el principio de la Creación, el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas, para dar Vida. El profeta Ezequiel habla de la vivificación de los huesos secos. Nosotros advertimos esa Vida porque nos lleva a actuar desde la fe, percibiendo los dones y dando sus frutos. Plenitud que permite santificarnos.



La principal de nuestras necesidades

¿Cuál es nuestra mayor necesidad? ¿Y de la Iglesia, y de la humanidad? Sin duda el Espíritu Santo, la infusión en nuestras almas, instituciones y países del Espíritu de Dios. Él nos sitúa en el mismo ritmo de la vida divina, que es vida de amor. San Efrén el Sirio comparaba la actitud ante la llegada del Espíritu Santo con antorchas dispuestas a ser encendidas, como marineros atentos a la voz del capitán, como agricultores preparados para sembrar.