Santidad



Santidad para todos

“Amigo, ¿a qué viniste?” Se preguntaba san Bernardo al entrar al monasterio. Lo mismo podemos preguntarnos cada uno. Recordar que venimos a cumplir la voluntad de Dios: que seamos santos. No es algo extraño, sino que es el plan de Dios para todos los hombres. Y se refuerza con el mensaje del Opus Dei: llamada universal a la santidad. Nuestra tarea es planteárnosla y promoverla.



Orientar la vida a la gloria de Dios

Lo que hacemos en la vida se mide no por lo aparente, sino por el amor que pongamos al hacerlo. El planteamiento de la vida moderna se orienta a enaltecer el yo. El hombre tiene una carencia profunda de ser, que sólo se sacia en el Ser por esencia.



La Obra de Dios

San Josemaría no sabía qué nombre debía darle a aquello que Dios le había inspirado. Su confesor de entonces le preguntó un día: “¿Y cómo va esa obra de Dios?” Fue una nueva luz. El nombre le parecía un atrevimiento, pero era también una realidad: la Obra no era suya, como tampoco nuestra. Dejemos que la obra propiamente de la gracia, lo propiamente divino, sea lo que nos haga ser verdaderamente obra de Dios.