Santidad



Santidad para todos

El diálogo con el joven rico es una propedéutica de la santidad. No basta, para ella, cumplir los mandamientos; es preciso también desprenderse de todo (ascética), Pero ahí no termina el proceso: se debe ir con Jesús y seguirlo, permaneciendo con Él. Por eso la santidad es amor, y no reprime ninguna de las más altas aspiraciones de nuestro corazón, sino que las colma.



La santidad es amor

“La santidad es amor”. En estas cuatro palabras encontramos un resumen de Dios, de su obra creadora y del destino de los seres espirituales. Él no puede hacer nada distinto a amar, pues es su esencia. Y a eso nos invita, a la unión de amor. Preguntémonos si cada una de nuestras actividades nos hace crecer el amor.



Santidad para todos

“Amigo, ¿a qué viniste?” Se preguntaba san Bernardo al entrar al monasterio. Lo mismo podemos preguntarnos cada uno. Recordar que venimos a cumplir la voluntad de Dios: que seamos santos. No es algo extraño, sino que es el plan de Dios para todos los hombres. Y se refuerza con el mensaje del Opus Dei: llamada universal a la santidad. Nuestra tarea es planteárnosla y promoverla.