Cruz



Gloriarse en la Cruz

Nuestra gloria, como la de san Pablo, ha de ser la Cruz de nuestro Señor Jesucristo. De ahí brota toda gracia: tener el sexto sentido de descubrirla, porque tengo la fe de asociarme en ella a Jesucristo: “Donde Yo estoy, ahí estará también mi servidor”. El que es de Cristo, entiende que ese es también su destino.



Sangre derramada: amor a la Cruz.

La Misa votiva de la Preciosísima Sangre de Cristo suele celebrarse los viernes. Nos recuerda la verdad sobre la que gira toda nuestra religión: somos salvados por el derramamiento de la Sangre. Su eficacia es, por tanto, infinita, y revela también un infinito amor. Es el signo que invita a derramar también nuestra sangre, a ser generosos en la entrega a través de la mortificación constante.



Doctorado en la Ciencia de la Cruz

Para ser santos necesitamos sacar un doctorado: es la ciencia de la Cruz. El maestro del doctorado es el mismo Cristo, y lo son también María y los santos. Aprobar la ciencia consiste en cambiar el dolor por amor, y en descubrir que la alegría tiene sus raíces en forma de cruz.