Espíritu Santo



Creer y amar al Espíritu Santo

¿No tendríamos que acusarnos de nuestra poca fe en el Espíritu Santo? ¿En su ser personal y en su acción santificadora? Porque está incluido en el “paquete” de nuestra santificación, y no como un añadido suplementario sino como algo absolutamente esencial. Meditar el Veni Creator y aprovechar también para orar con la hermosa secuencia que recoge Francisca Javiera del Valle en el Decenario.



Familiaridad con Dios: el don de piedad.

“El Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos inenarrables” (Rom 8, 28). ¿Y qué pide? Que oremos como conviene, haciéndonos participar personalmente en las relaciones que se dan entre el Padre y el Hijo. Lo hace a través del don de piedad, que significa el amor intrafamiliar. Comunica unción y dulzura para todo lo que se refiere a Dios, y lleva a la confianza y al abandono.



No olvidemos al Espíritu Santo

“Quedaron todos llenos del Espíritu Santo”, es la conclusión del relato de Pentecostés. Ilusionémonos con que eso también nos ocurra, pues no fue otro el deseo de Jesús cuando subía al Padre. Notemos su acción en los frutos que produce su presencia.