Espíritu Santo



Déjate aconsejar por el Espíritu

Dios envía su Espíritu con los siete dones. Uno de ellos nos conduce a acertar en las decisiones. El don de consejo nos ilumina, y hemos de movernos por él más que por las voces del mundo, del demonio o de la carne. Dos armas del demonio, que resaltaba Jesús a santa Faustina: el orgullo y el miedo.



Necesitamos todos al Espíritu Santo 

¿Qué necesita el Papa para escribir una Encíclica? ¿Qué, sin Sínodo de Obispos? ¿Qué necesito yo para rezar debidamente o para participar en Misa o para confesar mi fe? Al Espíritu Santo. Es imprescindible para todo lo sobrenatural. Valorarlo, agradecer su acción, amarlo, hablarle como Persona que es. Entregarnos a su acción, yendo muchas veces contra las inclinaciones del propio yo. Entonces nos conduce suavemente, armonizando nuestro interior



Ven, ¡oh Espíritu Santo!

Seguimos la recomendación de Jesús: no se alejen de Jerusalén aguardando al Espíritu Santo. Eso queremos hacer en este Decenario, porque el Espíritu es la Ley Nueva, la ley interior. Sin Él, nada podríamos. La letra mata, el Espíritu vivifica, decía san Pablo. Solo si nos visita, podrá cambiar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne. Invitándolo, nos inspira y nos fortalece en el proceso de santidad.