Amor a Dios



Hambre y sed de justicia

¿Se puede ser feliz teniendo hambre y sed? Así lo afirma la bienaventuranza, y mientras más acuciantes sean esa hambre y esa sed el que las padece es más feliz. Es el ansia de que Dios sea amado, pues entonces se cumple la justicia más fundamental. Amarlo yo y desear que todos lo amen. Incluye, por tanto, el afán de santidad y el celo apostólico.


Apostolado: fruto del amor.

El Señor llama a trabajar a su viña al amanecer, a media mañana, al medio día, a media tarde y al caer la tarde: nunca hay excusa. Pero se trata de llenarse de Él para poder comunicarlo. Portadores de Cristo, como el burrito que le sirvió de trono para tomar posesión de la ciudad santa.



Fuego he venido a traer

“Fuego he venido a traer a la tierra, y ¿qué quiero, sino que arda?” ¿A qué se refiere Jesús con el fuego? ¿Qué alcances tiene esa comparación? Es el fuego del amor, el fuego del Espíritu Santo, el fuego de su corazón. Dejemos que ese fuego realice el doble efecto del fuego material: librar de impurezas y encender. Símil apreciado por san Juan de la Cruz que nos recuerda la necesidad de la purgación para llegar a la unión de amor.