Comunión



Sangre que se nos comunica

El Misterio más profundo de la vida de Jesús es el Misterio Pascual. Acerquémonos a él con temor y temblor. El Cielo y la Tierra se reconcilian en la Sangre de Cristo, que se nos comunica en la recepción de la Sagrada Eucaristía. En la parábola de la vid y los sarmientos está el discurso del vino (cf. Jn 15). Volver al asombro eucarístico: ¡somos consanguíneos de Cristo!



Cuerpo de Cristo: Sálvame.

El deseo de ser almas de Eucaristía se concretará sobre todo en la comunión. Consideremos que es el verdadero Cuerpo del Señor lo que recibimos, el Cuerpo formado del vientre purísimo de María. Nos salva de la muerte, porque nos hace irnos transformando en cuerpo de gloria. Nos salva del pecado, porque en ese Cuerpo se resume todo el misterio de la sacramentalidad. Nos salva de la vida de oración anodina, porque nos pone en contacto con la Santísima Humanidad.



Yo soy el Pan de vida

En el capítulo sexto de san Juan, Jesús prepara poco a poco a sus oyentes, antes de revelarles el gran misterio de la Eucaristía. No es el maná el pan del cielo que el Padre les da, sino es Él mismo. San Juan de la Cruz escribió “Aquesta eterna fonte está escondida / en este vivo Pan por darnos vida / aunque es de noche”. Sí, una fuente eterna que hay que buscar en la oscuridad de la fe.